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LA PIEZA DEL TRIMESTRE
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Candiles
islámicos
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El término candil procede del mozárabe Qindil, que a su vez deriva del latín Candela. Se trata, pues, de un utensilio para alumbrar que, en este caso en concreto, hace alusión a lamparillas manuales de aceite. Estos elementos están fabricados a torno y normalmente elaborados en cerámica común, sin ningún tipo de tratamiento en su superficie, aunque existen casos pertenecientes a producciones de cerámica vidriada y cuerda seca. La mayor parte utilizan pastas de tonos claros, sobre todo, blanquecinos, casi sin desgrasantes, características que se mantienen desde los primeros momentos de la dominación islámica hasta el final de la ocupación árabe, lo que dificulta, en gran medida, poder asignar cronologías precisas. Su morfología tampoco resulta muy variada contando, en casi todos los casos, de los mismos elementos característicos: piquera, asa, chimenea y cazoleta. Siguiendo
la tipología establecida por Mª del Camino Fuertes en
su obra "La cerámica califal del yacimiento de Cercadilla,
Córdoba", nos encontramos ante el Tipo 1.9.1.A. que
define los candiles de piquera desarrollada, caracterizados por su
forma cerrada, cuerpo troncocónico con chimenea alta, paredes
más o menos rectas con borde redondeado y un asa que parte
de la zona más baja del cuerpo y finaliza en el exterior de
la chimenea. Candiles semejantes han sido localizados en yacimientos
de época califal de todo el territorio andalusí, por
ejemplo, Córdoba, Vascos (Toledo), Alicante, Granada o Málaga. Como decíamos anteriormente, estos utensilios, fundamentales en la vajilla doméstica, han sido fabricados mayoritariamente en cerámica común, siendo pocos los casos en los que se conserva algún tipo de decoración. En este caso, los candiles presentan una serie de pequeñas gotas adornando el borde de la piquera, que se corresponderían a lo que tradicionalmente se conoce como decoración "con verdugones", caracterizada por las salpicaduras de vedrío. La decoración es siempre monócroma, siendo el color verde el más utilizado y no suele formar ningún esquema decorativo concreto. A veces, las salpicaduras dan paso a chorreones más o menos extendidos, que aparecen ocupando parte de la superficie del recipiente. Recuperadas en las excavaciones realizadas en el Cerro del Castillo, estas piezas nos corroboran la existencia de un importante asentamiento islámico en este sector de la población. Ana
B. Ruiz Osuna |
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