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Las
excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en Monturque han
puesto de manifiesto que los orígenes del primer asentamiento
humano se remontan a la Edad del Cobre, sobre el tercer milenio a.C.
Este asentamiento prehistórico debió alcanzar cierto
grado de desarrollo a juzgar por los materiales y utensilios encontrados,
destacando la aparición del denominado "vaso campaniforme".
En
época ibérica, Monturque formó un poblado amurallado
con una función claramente estratégica.
Durante
la dominación romana, debió alcanzar una gran importancia
por los numerosos yacimientos que se conservan, pero aún no
ha sido posible determinar cual fue su verdadero nombre, habiéndose
identificado con ciudades como Meruera, Spalis, Tucci-Vetus
o la propia Munda. Correspondientes a este período son
las impresionantes Cisternas, el Criptopórtico y las Termas.
En
el periodo visigótico y musulmán perteneció a
la Cora de Cabra hasta la desmembración del Califato con el
topónimo de Mont-Turk, citado por Al-Idrisi ya
en el año 1113. En este lugar se instalaron tribus beréberes
al menos desde la época de los Omeyas hasta el siglo XIII.
A ésta época pertenece la Torre del Homenaje de su Castillo,
que fue reedificada en la Baja Edad Media.
Tras
la reconquista por los cristianos en 1240, Monturque entró
a formar parte del Señorío de Aguilar y ya en el siglo
XVI pasó a formar parte del Marquesado de Priego, con la consideración
de villa. En 1709 pasaría a la Casa Ducal de Medinaceli por
la unión de ambos linajes y se consolidó definitivamente
como municipio en el siglo XIX con la abolición de los señoríos.
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